Cuentos, mundos y movimientos!
- Lilian Rodriguez

- 15 jun 2019
- 7 min de lectura
Era una vez, un Rey que soñaba con la grandeza, su gente era el epicentro de su vida, cada uno desde sus rincones hacían que su sueño se acrecentará, ya que eran el motor que movía sus días, las caras del reinado que validaran sus actos, las risas que emularan la aprobación de sus proyectos, la popularidad producto de sus creativas soluciones, todos aplaudiendo, todos alabándolo, todos observándolo; en ese mundo el sol salía junto con él, y la luna parecía no tener espacio. Hasta que un día una de sus hijas, lo invito a caminar bajo la luna, y esa extraña sensación de vacío, intimidad o de soledad al no tener audiencia alrededor lo dejo pasmado, lo empezó a inquietar; ya que si sus súbditos de día aplaudían, que hacían de noche que ni se escuchaban?. Empezó así a distraerse y abstraerse a plena luz de sus funciones, encontraba en cada cara una duda, un seguro reflejo de dos mundos y se preguntaba, si hoy lo aprobaban, donde estarían mañana? Así que olvido la misericordia de su brillo, la diversión del compartir, la luz de las ideas y solo empezó a reflejar la sombría cara de sus pesadillas de traición, “no puedes confiar” se dijo un día, y así un día vino la desconfianza disfrazada de locura, y se llevó con ella al Rey soñador.
Esta es la corta historia de un Rey que vivía en la cima de la montaña y que se decía a cada segundo “ no tengo tiempo”, “No tengo tiempo”, “no tengo tiempo”, y en ese mundo con tanto por hacer, resolver y dejar como legado, la insuficiencia de días, horas y minutos lo tenía contra las cuerdas; la premura de las resoluciones versus el ritmo de sus súbditos lo dejaban extenuado, la rapidez de sus palabras que atropellaban al que pasaran, se quedaban sin espacio; y así cada día corría a galope, cada logro era un “queda mucho”, y cada proyecto aguerrido dejaba tareas que quedaban inconclusas a la final del día; es decir, que cada acción era insuficiente, cada celebración era un desgaste, cada relación una demanda que lo distraía, cada sonrisa era una pérdida de tiempo, cada comida una obligación y cada arena del tiempo que caía un enemigo. No pasó mucho el tiempo, hasta que como como buen profeta, un día mientras corría, el tiempo lo capturo y lo encerró en las profundidades de la tierra, donde dicen que por fin descanso; cuentan que en ese tiempo hicieron un recuento, ningún Rey había logrado tanto como el, tanto desarrollo, tanta construcción, tantas soluciones; solo que con tristeza su reinado lloro por él, por los ratos no compartidos y por lo que su carrera le impidió ver.
Hace miles de años en una vieja aldea gobernaba un Rey que siguiendo la historia de su padre y el padre de su padre, cumplía sus reglas, sus deberes y todo lo que ordenaba el gran libro de sus ancestros sobre lo que debía hacer un buen rey, es decir, en su cabeza solo habían modelos “correctos que seguir” y todo lo que fuera en contra de ese patrón, sencillamente estaba fuera de lugar. Un Día cualquiera de los que el deber llama, se recibió de imprevisto la visita de un reinado cercano, la nueva sucesora de ese trono visitaba a su reinado vecino aprovechando su recorrido; el evento inesperado puso en descontrol al castillo y el Rey con sus orbitas fuera de sitio, hizo lo citado en el texto con la sensación de no hacerlo bien por la falta de tiempo; “que falta de protocolo decía, a quien se le ocurre romper las reglas, como pueden llegar así, sin avisar!” Cuando la ceremonia de bienvenida empieza y el Rey por deber muestra su mejor cara, se encuentra a una hermosa reina, más joven e independiente de las que nunca vio antes y al conversar con ella, más inteligente, indómita y desafiante de la que ningún libro antes le explicara. Y allí en medio de ese embelesamiento cada estándar caía al suelo y cada regla perdía validez, allí se quedó ese rey entre el limbo de lo que se despertaba en su ser, entre la incertidumbre de cómo proceder ante lo nuevo, entre la rigidez de lo conocido, entre la confusión que le dejaba su aroma y su rebeldía, y entre el jugo apetitoso de lo inesperado versus lo dictado como deber ser.
Cuenta la leyenda que este Rey fue elegido por sus súbditos, sin sangre azul y con mucho coraje, tomo decisiones que le dieron una visibilidad inimaginada, nació como los mortales entre muchas historias de lo que debía ser y lo que se esperaba de él como hijo de la Tierra, sin embargo su curiosidad, capacidad de cuestionar y sacar sus propias conclusiones lo llevaron a partir desde temprano buscando nuevos horizontes. Conoció en su recorrido tierras diferentes con grandes Reyes como el Gran Constructor, como el Rey Sol o como el Gran Sucesor, todas ellas con finales que le hacían parar y preguntarse qué era lo que los definía o que podían haber hecho diferente? Una vez supo de un Rey, preocupado y querido por su gente, de esos Reyes que saben que es lo importante, que saben lo que une a la gente; pero su reserva y terquedad era tan grande que termino por no cambiar nada en un mundo que le exigía rapidez, allí murió en el intento.
Así que cada paso y cada tierra le dejaron muchas lecciones, siempre reflexivo seguía fluyendo al paso mientras se decía; “Pareciera que me están preparando más no se para que; ya vendrá la oportunidad!” Así camino y camino, escucho y escucho, y termino dando consejos de lo que ayudaba a resolver esta u otra situación; su voz fue luego conocida, y empezó a desafiar a los libros, al impulso, a la fama, al paso a paso; empezó a reenfocar lo conocido, la solución, lo bello, lo valioso; empezó a dar espacio a nuevas preguntas más allá del porqué, como, cuando, quien o que, y dejo que el para que definiera los siguientes pasos; y así empezó a atraer a cierta gente, a ciertos resultados y luces, como jamás soñó antes, puesto que su único propósito era Servir y entregar lo que iba aprendiendo. Dicen que aprendió de todos y así lo enseño, con ejemplo, cuentan que honro la historia para hacerla diferente, hablan de que en sus acciones cuidaba el ritmo, más que por cuidar a otros por cuidarse a así mismo; cantan en sus tonadas que hasta su muerte se reconoció como hijo de la tierra y que, como la tierra, cambio de ciclo en ciclo hasta sus últimos días; cuentan que se equivocó infinitas veces y cada caída era oportunidad para ver y cambiar compasivamente el cuento que le impedía crecer y ese fue su gran don.
Esta es mi última oportunidad! No puedo! Que dirán de mi si…! Seré Capaz? Quiero esto ahora! Y a esta edad que puedo conseguir? Ya paso el tren! El deber dice! Como se atreve a romper el protocolo! Todo tiene solución! Loro viejo no aprende a hablar! Todo es un aprendizaje! La norma lo establece, y así es! Y quien soy yo para…? Tengo que cargar con esto! Estamos perdidos! La confianza da asco! Das la mano y te toman el brazo! Siempre hay oportunidad! Quien podrá defendernos? Nadie puede ayudarme! Hay para todos! Solo yo puedo hacerlo! Esto es muy difícil! Los ricos están contados! Estoy bien y seguro! No hay tiempo que perder! Lo más importante es…! En mi vida nada es al azar! Si Dios quiere! No soy capaz de eso! Es mucho para mi! Ahora no tengo tiempo! La agenda dice! Sucede lo que tiene que suceder! Fluyo con lo que venga! Si no lo se, lo aprendo!
No importan las épocas, estos son y siempre serán los infinitos cuentos que de familia en familia, pueblo en pueblo y tiempo en tiempo, nos repetimos definiendo nuestros movimientos y mundos, algunos construidos en el ruido de nuestra mente, miedos e inseguridades; otros heredados o repetidos como viejas leyendas de generación en generación; otros que vienen de nuevos aprendizajes y que en el camino han resultado para el logro de lo que deseamos; sin embargo muy pocos ha sido validados o corroborados en ese supuesto de que están y ya! no hay más nada que hacer!. Casi todos pertenecen al 99% de la transparencia, la inconciencia o lo que no vemos con facilidad en nuestro andar hasta que un día parecen mostrar la gran oportunidad o el gran limite como un llamado a observar y cambiar! Mas cierto es, que vengan de donde vengan, aquí están, tan reales y tan poderosos que cada uno de ellos tienen la fuerza para generar movimientos; algunos de expansión y aprendizaje donde se abren nuevos mundos; otros sin embargo llenos de límites y reglas, donde no hay espacio para las posibilidades ni los encuentros.
Son los cuentos que nos contamos los que hacen posible los mundos y los movimientos que tenemos; hay quienes creen que son así y ya; hay otros que se cuentan que la vida es un aprendizaje, hay otros creen que se trata de reinvención, otros que es sobre retos o castigos; hay quienes se encierran en el primer fracaso, hay quienes escuchan y aprenden, hay otros que escuchan tanto que no oyen su propia voz; en fin muchos cuentos que como las mejores películas de ficción solo suceden y ya.
Hay cuentos que nos hacen tropezar con diferentes piedras, esos ameritan pararte y observar. Hay cuentos que te dejan estancado y sumergido en el drama, ellos te piden alejarte y analizar. Hay cuentos que te hacen repetir historias con diferentes nombres, y te hablan de salir de lo cómodo y arriesgar. Hay cuentos que piden dar un salto de avance, e invitan a buscar nuevas personas y herramientas, y hay cuentos de cuentos, pero la clave en todo ellos es cuestionarlos, es estar despierto y preguntarnos; Que pasa con nosotros con cada uno de esas historias? Cuál es la ganancia detrás de este cuento? La historia de quien repito cuando vivo en este cuento? son estos cuentos verdad? Estoy absolutamente segur@ de que son verdad? Me hacen expandir o contraer? Como me hacen sentir? Y cuales hechos o evidencias son las que sustentan esa “verdad”?
Lo que si podemos ver sea el cuento que sea, que la verdad es un asunto personal y a la final, la pregunta importante sería, si estamos ya lo suficientemente movidos, estresados, aburridos o cansados de los cuentos que nos contamos como para salirnos un rato del drama y atrevernos a buscar un nuevo espacio, con un nuevo pensamiento, con nuevos movimientos y nuevos mundos que crear!




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