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Juntando las Piezas, el Camino a Casa

  • Foto del escritor: Lilian Rodriguez
    Lilian Rodriguez
  • 3 jul 2020
  • 4 min de lectura

Actualizado: 6 jul 2020

Erase una vez un niña, que como todo niña sólo tenía ganas de curiosear con lo nuevo, de explorar lo desconocido, de tocar y sentir eso que llegaba, y de imaginar lo posible que con eso nuevo de lo cual podía aprender, soñar y compartir.  Tuvo unos padres jóvenes, de esos que le ponían lo nuevo en la mesa para que saciar su curiosidad, de esos que traían libros llenos de tierras lejanas y aventuras posibles, de esos padres que soñaban que a través de ella, muchos de sus sueños se harían realidad.  Curiosa, es el adjetivo que más le pegaba, así explorando un día se encontró con el cubo, se fascinaba con sus rectas, con los cuadrados que unían sus caras para darle fuerza y firmeza; se imagino dentro de él y pudo sentir la seguridad de sus caras protegiendola, cuidándola, dándole un respaldo en donde apoyarse. Desde entonces el cuadrado fue parte de su ser. Explorando, conoció pronto al triangulo y la pirámide, con ellos aprendió a mirar las estrellas, a unir el cielo y la tierra, a crear mundos e imaginar que las letras, la música y el color formaban una sola cosa que tambien estaban dentro de sí, y que lo único que querían era expresar. Desde entonces el triangulo fue parte de su ser. Un día caminando se encontró con una esfera y allí conecto con él círculo también, en ellos vio como la redondez le regalaba movimiento, como su centro lo unía, como al sentirse rodeada de ese círculo podía abrirse a todas las posibilidades y a su flexibilidad de ampliarse o achicarse cuando así lo necesitará. Desde entonces el circulo fue parte de su ser. Y así fue abriéndose e incorporando más y más formas, a todo lo que llegaba a sus manos, nuevas formas que la hacían sumergirse en ellas, aprender de ellas, probar sus luces y sus sombras. Nuevas formas que le traían como parte de la experiencia nuevas herramientas y mundos. Y desde entonces las diversas formas fueron parte de su ser.  Pero entre tanta novedad y diversidad, cada vez que volvía a su familia, a sus amigos, a su comunidad, sentía que era más y más rara, más y más extraña; como si no perteneciera, como su fuera muy diferente. Que raro se decía, que será? Acaso hay solo una forma correcta? O será que con solo una forma te debes quedar? Y descubrió que esa sensación de rareza era un tipo de rechazo, que había personas que amaban esa diversidad y otras a las que él miedo de lo nuevo, de lo diferente les ganaba. Así que con el tiempo, sin importar los espacios o la gente, allí estaba, ella que se sabía era, como diferente y que a la vez amaba tanto aprender de lo nuevo, explorar, imaginar y sentir, que esos tragos amargos pasaban de largo. Ya pasado el tiempo un día se dio cuenta que dentro de ella algo se movió, se descubrio; se dio cuenta que dependiendo de los espacios o personas ella mostraba uno u otro aspecto, es decir con algunos era como el cuadrado, con otros como el el círculo, o como el triangulo, y todo por ser aceptada. También vio como dentro de sí, se había apegado a cada forma como si fuera la única verdad, y vio como el cuadrado en ella rechazaba a su círculo, como su triangulo no aprobaba a su pentágono, y como cada figura se creía la única expresión de quien era ella de verdad. Eso movió su mundo, se dio cuenta que rechazo a lo diferente que veía afuera, no era más sino el juicio que se hacía a sí misma por ser tan curiosa y meterse en tantos mundos diferentes. Quedo conmovida en tristeza cuando sintió la punzada de su corazón al verse a sí misma rechazada por ser quien era. Como elegir la rigidez de ser solo un cuadrado? cuando también su naturaleza le pedía caminar en el círculo. Como vivir solo con los 3 lados de su triangulo cuando sabía que ya había conocido formas que tenían 5, 6, o 12 caras. Entonces se dio permiso de sentir, y fue sentir esa tristeza la que la ayudó a de verse autoenjuiciada en su propia diversidad y, la que la sano de querer separarse de su propia y auténtica expresión. Fue sentir el dolor lo que le regalo la unión de sus partes fragmentadas, de sus piezas olvidadas o guardadas, lo que le permitió construir con cada pieza una sola casa, su casa, su hogar. Así, cuenta la leyenda que desde entonces se dio permiso por ser todas las formas, se dio permiso de expresar según la forma que el momento le pedía, se dio permiso de pertenecer al mundo, a su diversidad, a sus infinitas opciones y aprendizajes. Dicen que finalmente llegó a casa, y que era tanta la comodidad consigo misma que el mundo fue su hogar.



Y colorin colorado, este cuento por ahora se ha terminado!!!





 
 
 

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EL ARTE DEL CAMBIO

by Lilian H. Rodríguez C.

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