Eran Libros Diferentes
- Lilian Rodriguez

- 18 abr 2019
- 4 min de lectura
Una de mis tías preferidas se dedicó por muchos años al arte de ser bibliotecaria, es decir que desde chica mientras esperaba a mis padres, estudiaba algún tema, la iba a visitar o deambulaba entre los libros, veía como los etiquetaba, los clasificaba, les ponía orden, los limpiaba o incluso los movía por daño; así que si querías encontrar algún tema, primero tenías que comprender el orden, ya que todos tenían espacios diferentes según su categoría o uso.
Claro, estoy hablando de una época donde no existía Wikipedia o Mr. Google, es decir que investigar un tema era toda una odisea, ubicar la categoría, ir a esa sección y buscar referencias, leer, indagar y luego sentarte con las mejores opciones a sintetizar eso que te habían solicitado estudiar; la diferencia con el mundo actual es que en vez de ir por el shhhhh obligatorio que demandan las bibliotecas y la excusa del encuentro con tus amigos; hoy prendes tu Tablet, gogleas el tema y sin duda 85mil versiones te harán que tomes las primeras de referencia para empezar. Todos es relativo y los juguetes de cada época son Sencillamente Maravillosos!
Pero volvamos; ya que sea la época que sea y la forma de buscar que sea, cada libro desarrolla un tema y como todo, si insistes en no revisar bien de que se trata o cual el contenido que quieres profundizar, buscar ese tema podría llevarte a perder todo el día ya sea en internet o en la biblioteca.
Y Uds. Diran, de que va todo esto? Pues esta mañana estaba buscando una referencia y al dejarme llevar por lo visual, me confundí de libro y después de un rato largo pasando página a página para ver donde estaba la imagen que buscaba, no entendía donde se había metido, hasta que termine buscando en el índice sin entender como no la encontraba y me di cuenta que buscaba donde no era, eran Libros Diferentes!
Lo que me llevo a reflexionar como “Cada quien es como un libro y cada uno actúa desde un libro diferente”, es decir mientras mi momento de testarudez no me dejaba ver que estaba buscando una imagen en un libro equivocado, cuantas veces nos encontramos con personas cuyos mundos, imágenes, palabras tratas de encajar según tu libro y no encuentras como conectarlos. A veces son acciones que tratas de descifrar, darles significados o entendimiento según tus experiencias o tus libros, y aun así pueden venir desde un criterio nuevo y totalmente diferente a lo que haz conocido hasta ahora.
Muchos repiten como mantra, “cada cabeza es un mundo”; y sin embargo en la práctica como nos cuesta asimilar de mente, corazón y sobre todo cuerpo lo que eso realmente significa. Muchos hablan del respeto y diversidad, pero cuando nos encontramos un libro tan “extraño” o “diferente” que peligroso o poderoso es ese miedo que nos dice “Alerta, alerta, cuidado, tiempo de alejarse”, como si sintiéramos que si tu libro y el mío no se conectan, alguno de los dos queda excluido, fuera de vigencia o listo para perecer.
Lo poderoso de los libros, es que hay miles los libros en el mundo que abordan el mismo tema una y otra vez, sin importar cuanto se haya escrito; permitiendo el cambio, las diferentes perspectivas u otras vivencias que sigan respaldando la forma de sentir, sintonizar o ver ese tema. Allí todos pueden ser reescritos y hasta contemplados desde otros tiempos, todos tienen espacio en las bibliotecas o en el buscador de internet que más te guste; todos han servido de algo y para alguien, y hasta en tiempos diferentes; y aunque sea solo para el que lo escribió ya habría cumplido su función, cambiar su mundo. Los libros traen la magia de poner en blanco y negro eso de “cada cabeza es un mundo” es decir, al darle contexto, circunstancias o historias nos conecta a la posibilidad de abrir nuestro mundo, nuestra forma de ver las cosas y de enriquecer la existencia con la apertura que implica mostrarte, confiar o ser visto.
Por lo tanto, si el arte de encontrarnos con el otro siempre implica abrir nuestros libros, implica también que nuestras relaciones tiene por Responsabilidad no dar por supuesto que nuestros contenidos son “evidentemente iguales”, “únicos e inmodificables”, “especiales”, ni mucho menos por “absolutos en sus verdades” ya que muchas veces tenemos en nuestros libros, frases o creencias que hemos comprado al costo o tomados desde la superficialidad, sin ser debidamente experimentadas, examinadas, profundizadas o cuestionadas.
Definitivamente la rutina o vivencia con el otro, exige Adultos, nos desafia y pone a prueba más allá de la especulación; así que ante esos libros nuevos, mejor observemos y preguntemos, como lo haríamos en esas viejas épocas de bibliotecas; donde, cuando, como, que, quien, según quien, ¿? etc; ya que es la única forma de saber si estamos o no en la misma página, si tenemos en común imágenes, sentidos y formas de vivir el relato, si repetimos textos sin sentido o por hábitos que ya no son útiles; y sobre todo si el futuro es posible dentro de la diferencia de reconocer que ese otro libro tiene un mundo con una visión que amplía la tuya; quien quita y así podamos cerrar viejos libros, reprogramar creencias limitantes, reescribir nuevas vidas, crear nuevas páginas o simplemente tener la maravillosa oportunidad de ir creando nuestra propia biblioteca.




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