La Montaña no se va a Mover
- Lilian Rodriguez

- 7 may 2019
- 4 min de lectura
Hace días participaba de una formación de Liderazgo y en una de las actividades cada participante tenía que encontrar una metáfora, imagen o dibujo que lo identificara, y entre las interesantes presentaciones hubo una que me capturo; este hombre dibujo una montaña y a un hombre con el y hablo de que se identificaba con la montaña porque “la montaña no se va a mover” y es el quien decide si la escala, si se prepara, si revisa antes el clima, si tiene o no las condiciones e incluso si decide ir con una mochila pesada o no.
Uhmmm que poderosa la frase, “la montaña siempre está allí, la montaña no se va a mover” y me quedo con ella porque me conecta con varios aspectos del cambio que entre muchos otros particularmente he vivido, por un lado cuando como la montaña hemos habitado en esa sensación de no podernos mover, de perpetuarnos en ese lugar, con esas condiciones, con esos climas y oyendo los pasos de los que transitan por nuestros territorios con sus ideas o experiencias; o en esas montañas hemos llegado a un punto de lo conocido y lo que percibimos como seguro, que cualquier mundo diferente esta fuera de lugar lejos de allí.
Por otro lado está el ser escalador o senderista y la opción de ser quien elige si la sube o no, si esta list@ o no, si le apetece o no, incluso el peso o la obligación de asumir el desafio; por tanto en él o ella habitan el timón y la dirección a tomar, en el o ella se estudia e imagina el camino y el pronóstico siempre debe ser a superar el reto, de lo contrario ni se atrevería a subir puesto que sabe puede perecer; en este personaje vive la gran posibilidad que todo pueda cambiar en un segundo, que por mucha antelación o preparación el camino le sorprenda ya sea para desviarse y disfrutar o para ajustar y respirar; es decir sus pasos nunca darían por seguro el recorrido y cada expresión de la tierra bajo sus pies solo le daría a conocer que poco sabemos en los nuevos territorios.
Reconozco que he sido ambos y he amado o conocido personas que como yo se han movido en ambos mundos, o que de lo contrario, han vivido en un lado u otro de la historia, muchas veces admirando o cuestionando lo opuesto a ellos o en ellos. Y sea lo que sea que escojamos experimentar dentro del cambio, seas caminante o montaña, todos tenemos algo que cuidar, un precio que pagar o una consecuencia que asumir en este transitar.
Quedarnos quietos, también genera cambio, sino que hablen los millones de células que a diario se regeneran en nuestro cuerpo te muevas o no, quieras o no; así como en la montaña el ambiente va erosionando la tierra, trayendo nueva semilla, creando nuevos ecosistemas, y así como ella, si eres receptiv@ puedes empezar a vivir el cambio de manera diferente, reconocer que las experiencias te dan nuevas formas o frutos, que tus verdores e ideas cambian con cada temporada y que cada estación te viste o sienta diferente, por lo que como montaña puedes vivir intensamente la serenidad en ti y la aceptación de que el medio ambiente te afecta como te afecta y que solo en ti queda la tranquilidad, la seguridad y la robustez de ser quien eres, la montaña.
Movernos, ahhh movernos, el arte del caminante; es allí donde pareciera el cambio se nota más, tus pies transitan diferentes tierras y colores, en cada una hay una observación diferente, incluso una duda de como caminar, en esas tierra puedes encontrar lenguas diferentes por tanto es tu tarea expresarte con todos tus sentidos para ser bien entendido, en esos nuevos pasos también están las maravillas de lo novedoso, de lo diferente, de lo que para tu mente era inconcebible y de lo que sabes cómo empieza pero no como termina o incluso lo poderosos de reconocer que lo que traes suma perfecto a este nuevo espacio. En el movernos esta la decisión también, la visión de vivir o sentir algo que te conecte con el logro, con la reinvención, con la pasión.
En ambos coexisten el dolor del desapego, el sabor de lo incierto cuando las circunstancias mueven el mapa; en ambos existe el riesgo de la exclusión o la muerte; y sin embargo en ambos hoy dejo la invitación de que podríamos pasar temporadas diferentes cohabitando como montaña o como senderista, total dicen que la vida está llena de más gozo para aquellos que puede mezclar las opciones como en una paleta lo hace el pintor; entonces la invitación sería reconocer si en este momento necesitas incorporar la montaña, alimentarte de las vivencias, digerir lo vivido, respirar lo que llega, abrazar a los caminantes y despedirlos; y cuando sea la hora de moverse, tomar la riendas, estudiar los mapas y alentarnos a emprender nuevas aventuras.
A lo mejor estoy en un punto donde elijo equilibrar, donde veo la belleza de ambos espacios y donde la posibilidad de crecer estaría en el balance de ambas experiencias, el quedarme y el moverme, el guardarme y el compartir, el recibir y el dar; por eso es personal y para cada uno diferente; y por eso las preguntas que te dejo serían, que eliges ser? Que te funciona en este momento? O que otra imagen te identifica?





Comentarios